“No te tiene que gustar, solo tienes que hacerlo.”
Es lo que le decía el otro día un maestro de mi instituto a un alumno y me parece una enseñanza genial y muy olvidada en estos tiempos. Creo que en la educación tenemos montado un lío mental con el asunto del placer. Como si todo lo que hacemos en la vida tuviera que gustarnos.
Lo que yo aprendí cuando estudie el asunto del placer es aquello de Aristóteles: No se trata de hacer lo que te guste, si no de que te guste hacer aquello que debes hacer. La idea me parece perfecta pero ¿cómo se consigue que te guste lo que debes? Aquí viene la dificultad.
Desde luego haciéndolo. No puedes esperar a que te guste para hacerlo. Y habrá muchas cosas que tendrás que hacer “a disgusto”. Y si nunca les encuentras el puntito de placer pues “se siente”.
Si a una persona le gusta y lee con gusto, leerá mejor, leerá más y aprenderá un montón de cosas. ¿Pero y qué pasa si no le gusta? Las actuales corrientes sobre el asunto de la lectura (tipo Pennac, o José Antonio Marina) dicen que los chicos tienen que leer y al mismo tiempo que no se les puede obligar a leer, que para que le cojan el gusto tiene que huirse de la obligación.
Pero entonces se produce una especie de paradoja pragmática. TIENES EL DEBER DE QUE GUSTE LEER. Algo así como “Te lo ordeno, sé espontaneo.”
Creo que hoy en día lo que tenían que tener claro los que quieren fomentar la lectura es que ésta se busca por “determinados beneficios intelectuales” que ella proporciona. Deberían tener claros cuales son esos beneficios, hacerlos explícitos en una lista (quizá ya lo han hecho y no me he enterado), y esos son los que deberían vender y publicitar. Que además se puede disfrutar leyendo, mejor que mejor, pero ese no es el asunto fundamental.
Si los “fomentadores de la lectura” insisten en el placer se van a dar de morros con la realidad. Hoy en día los videos juegos, navegar por internet y la TV proporcionan placeres enormes a las nuevas generaciones. Placeres contra los que la lectura no puede competir si de gozar se trata.
¿Lo que usted quiere es que yo disfrute? Déjelo de mi mano, que no necesito libros.
Hasta yo, que tengo 51 y que conozco el placer de la lectura reconozco que he gozado como nunca jugando al “Comandos” y a “Age of Empires” (ambos en el ordenador), y al “Principe de Persia” y al SuperMario en la Nintendo. Compartí esos juegos con mi hijo cuando él era pequeño y no puedo decir que disfrutara menos que leyendo. Otra cosa es que eso me beneficiara tanto como hubiera podido beneficiarme un buen libro, pero disfrutar disfruté igual o más. Y otra cosa es que le beneficiara a él.
Un compañero que ha conseguido que sus hijos sean apasionados lectores (yo no lo conseguí, y aún así me atrevo a dar consejos) me contaba que lo ha hecho restringiendo al máximo las horas de TV o video-juegos. Ha conseguido convertir la lectura en la parte del ocio de los días de diario, prohibiendo con mano ferrea la TV y los video-juegos que en su casa solo están permitidos en horas contadas durante los fines de semana.
Pseudópodo reconocía últimamente en un post que la lectura ha perdido la batalla en las nuevas generaciones y que eso le parece un empobrecimiento porque piensa que ni la TV ni videojuegos les darán a los jóvenes el bagaje conceptual que a nosotros nos dio la lectura. Desconozco si su post nace de la vivencia con sus hijos, que se que son lectores. Quizá ya hasta ellos empiezan a sufrir la competencia tan temida.
Claro que se puede disfrutar mucho leyendo pero creo que es un error pretender conseguir nuevos lectores hablándoles sobre todo del placer de leer.
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sábado, 5 de marzo de 2011
martes, 6 de octubre de 2009
"NO ES VERDAD QUE NO ES VERDAD"
Me anima Serenus a que haga un link a “No es verdad que no es verdad”
Lo he visto en tantos sitios en tan poco tiempo que pensé que era innecesario, pero si Serenus lo dice por algo será.
Érase una vez una ley de educación que amplió la edad obligatoria a los 16 he hizo desaparecer la Formación Profesional que se cursaba a los 14. El bachillerato se redujo de cuatro a dos años.
Los niveles bajaron, la disciplina se deterioró (demasiados objetores escolares) y se creó la imagen en la sociedad de que la educación se había arruinado.
A esta imagen contribuyó la realidad misma y el gusto que los medios tienen por amplificar lo desastroso. Pero también contribuyeron algunos libros. Los que yo conozco son estos dos:
“La enseñanza destruida” de Javier Orrico.
“Panfleto antipedagógico” de Ricardo Moreno Castillo.
Creo que fue el curso pasado cuando hubo un contrataque de los que podemos llamar “logsemáticos”. Apareció un manifiesto "No es verdad ", para ser apoyado con firmas, en el que se sostenía que si la educación tenía problemas no era debido a la reforma y a las ideas pedagógicas que la inspiraron sino por culpa precisamente de que nunca se había abandonado el sistema tradicional y la enseñanza que se impartía era inadecuada para los jóvenes de hoy.
Ricardo Moreno Castillo responde ahora punto por punto al manifiesto, "No es verdad que no sea verdad", poniendo negro sobre blanco las contradicciones y “despropósitos” que encierra.
¿Cuál es mi posición? A veces me quedo perplejo y no se qué pensar.
Otras veo clarísima la razón de los antilogse (pero no me gustan los apocalípticos y ellos caen mucho en este error)
Algunas ocasiones me surgen dudas sobre si no llevarán parte de razón los “pedagógicos”.
Poniéndome hegeliano supongo que habría que encontrar la verdad que encierran ambas posturas.
Pero después de tantos remilgos, si tengo que decir de qué lado estoy diré que Ricardo Moreno me convence mucho más que “No es verdad”.
…………………………..
También tengo que decir que soy profesor de filosofía y por los cursos en los que se da esta asignatura hasta hace nada éramos unos privilegiados. Los alumnos que nos llegaban ya estaban “cribados”. A veces pienso si esto (no dar nunca ningún curso por debajo de cuarto de la ESO) no habrá impedido que me haya enterado más de la historia.
Lo he visto en tantos sitios en tan poco tiempo que pensé que era innecesario, pero si Serenus lo dice por algo será.
Érase una vez una ley de educación que amplió la edad obligatoria a los 16 he hizo desaparecer la Formación Profesional que se cursaba a los 14. El bachillerato se redujo de cuatro a dos años.
Los niveles bajaron, la disciplina se deterioró (demasiados objetores escolares) y se creó la imagen en la sociedad de que la educación se había arruinado.
A esta imagen contribuyó la realidad misma y el gusto que los medios tienen por amplificar lo desastroso. Pero también contribuyeron algunos libros. Los que yo conozco son estos dos:
“La enseñanza destruida” de Javier Orrico.
“Panfleto antipedagógico” de Ricardo Moreno Castillo.
Creo que fue el curso pasado cuando hubo un contrataque de los que podemos llamar “logsemáticos”. Apareció un manifiesto "No es verdad ", para ser apoyado con firmas, en el que se sostenía que si la educación tenía problemas no era debido a la reforma y a las ideas pedagógicas que la inspiraron sino por culpa precisamente de que nunca se había abandonado el sistema tradicional y la enseñanza que se impartía era inadecuada para los jóvenes de hoy.
Ricardo Moreno Castillo responde ahora punto por punto al manifiesto, "No es verdad que no sea verdad", poniendo negro sobre blanco las contradicciones y “despropósitos” que encierra.
¿Cuál es mi posición? A veces me quedo perplejo y no se qué pensar.
Otras veo clarísima la razón de los antilogse (pero no me gustan los apocalípticos y ellos caen mucho en este error)
Algunas ocasiones me surgen dudas sobre si no llevarán parte de razón los “pedagógicos”.
Poniéndome hegeliano supongo que habría que encontrar la verdad que encierran ambas posturas.
Pero después de tantos remilgos, si tengo que decir de qué lado estoy diré que Ricardo Moreno me convence mucho más que “No es verdad”.
…………………………..
También tengo que decir que soy profesor de filosofía y por los cursos en los que se da esta asignatura hasta hace nada éramos unos privilegiados. Los alumnos que nos llegaban ya estaban “cribados”. A veces pienso si esto (no dar nunca ningún curso por debajo de cuarto de la ESO) no habrá impedido que me haya enterado más de la historia.
domingo, 3 de mayo de 2009
¿el placer de leer?
En las jornadas de animación a la lectura a las que he asistido algunas veces he notado que los participantes no parecen tener del todo claro cuál es el principal objetivo de la lectura.
Por un lado elogian la lectura como un placer. Como un enorme placer sin mayor finalidad que la de pasar el rato leyendo. Me han dicho que Borges y Barthes insistieron mucho en este aspecto.
Por otro lado se habla de las muchas ventajas que tiene leer y de como sirve para penetrar en realidad, para comprenderla, para descubrir nuevos mundos, para ir más allá de nosotros mismos y crecer, en una palabra: para mejorar.
Aquí está el problema. ¿De qué se trata? ¿Cuál es el principal objetivo de leer? Mejorar o disfrutar.
Supongamos que es el placer. Si el objetivo es disfrutar supongo que a nadie le parecerá mal que los jóvenes de ahora, mayoritariamente, no lean. Que no lean no quiere decir que no disfruten. Encuentran placer en otras actividades, que quizá por su facilidad, le han ganado la batalla a la lectura, ya he dicho que mayoritariamente hablando. Los videojuegos, la televisión, chatear, compartir fotos a través de tuenti, todas ellas producen gran disfrute a los jóvenes actuales… Si se tratara de placer ¿por qué razón habríamos de retirar a los chicos de los videojuegos y llevarlos a leer? ¿No son, para muchos, más placenteras que la lectura?
Cuando se comparan dos placeres (en cuanto placeres) ¿es posible poner de acuerdo a dos personas? ¿No se trata de algo puramente subjetivo? Existen actividades placenteras beneficiosas y otras que lo son menos o que incluso son perjudiciales, pero para diferenciarlas no se puede aludir al placer mismo (que dependerá de cómo lo viva cada uno) sino a algo absolutamente diferente: el bien que procuran.
Ahí está precisamente la clave del problema. Creo que el objetivo auténtico de la lectura no es disfrutar.
Platón había criticado muchas veces el placer pero el gran descubrimiento de Aristóteles es que el placer se educa. Aprendemos a disfrutar. No hay propiamente actividades placenteras. El placer puede acompañar a toda actividad que se hace libremente. Subir cuestas con la bici (algo en principio esforzado y desagradable) puede ser placentero si lo hacemos porque queremos y le pillamos “el gusto”. Muchísimas cosas que pueden ser molestas si te obligan a ellas, se convierten en motivo de placer si han sido elegidas con libertad. Por eso lo fundamental no es ir tras el placer, sino conseguir sentir placer haciendo aquello que es bueno hacer. Debemos aprender a disfrutar con lo que es conveniente y aprender a no disfrutar con lo que no es bueno hacer.
El placer es la guinda del pastel pero no el pastel mismo. Debemos hacer lo bueno y además disfrutar haciéndolo.
Con la lectura creo que pasa eso. La lectura es buena por muchas cosas, más arriba he mencionado las que a mí se me ocurren. Precisamente porque la lectura es muy beneficiosa es muy bueno que además sea placentera. De esa manera habrá más posibilidades de que repitamos una y otra vez. Pero es un error pensar que la lectura es buena porque es placentera.
Pero es que además, insistiendo tanto en el placer le quitamos importancia a la lectura misma y a sus beneficios.
Y FINAL.
La lectura “enseña”. Otra cosa es que la moraleja educativa explícita pueda arruinar los beneficios de un cuento de fantasía bien escrito. Por eso discrepo con eso de que la esencia de la fantasía sea conseguir “hermanos apretados unos contra otros en la penumbra con el corazón acelerado”.
Y cuando digo enseñar no me refiero a datos o a una moraleja. Su enseñanza es más profunda. Se trata de que descubra la parte invisible de la realidad, o nos ayude a comprendernos a nosotros mismos, o nos muestre como es el amor, o la vida o nos haga tener sentimientos que nos eleven… lo que sea.
“El arte trata de hacer visible lo invisible”. PAUL KLEE.
Por un lado elogian la lectura como un placer. Como un enorme placer sin mayor finalidad que la de pasar el rato leyendo. Me han dicho que Borges y Barthes insistieron mucho en este aspecto.
Por otro lado se habla de las muchas ventajas que tiene leer y de como sirve para penetrar en realidad, para comprenderla, para descubrir nuevos mundos, para ir más allá de nosotros mismos y crecer, en una palabra: para mejorar.
Aquí está el problema. ¿De qué se trata? ¿Cuál es el principal objetivo de leer? Mejorar o disfrutar.
Supongamos que es el placer. Si el objetivo es disfrutar supongo que a nadie le parecerá mal que los jóvenes de ahora, mayoritariamente, no lean. Que no lean no quiere decir que no disfruten. Encuentran placer en otras actividades, que quizá por su facilidad, le han ganado la batalla a la lectura, ya he dicho que mayoritariamente hablando. Los videojuegos, la televisión, chatear, compartir fotos a través de tuenti, todas ellas producen gran disfrute a los jóvenes actuales… Si se tratara de placer ¿por qué razón habríamos de retirar a los chicos de los videojuegos y llevarlos a leer? ¿No son, para muchos, más placenteras que la lectura?
Cuando se comparan dos placeres (en cuanto placeres) ¿es posible poner de acuerdo a dos personas? ¿No se trata de algo puramente subjetivo? Existen actividades placenteras beneficiosas y otras que lo son menos o que incluso son perjudiciales, pero para diferenciarlas no se puede aludir al placer mismo (que dependerá de cómo lo viva cada uno) sino a algo absolutamente diferente: el bien que procuran.
Ahí está precisamente la clave del problema. Creo que el objetivo auténtico de la lectura no es disfrutar.
Platón había criticado muchas veces el placer pero el gran descubrimiento de Aristóteles es que el placer se educa. Aprendemos a disfrutar. No hay propiamente actividades placenteras. El placer puede acompañar a toda actividad que se hace libremente. Subir cuestas con la bici (algo en principio esforzado y desagradable) puede ser placentero si lo hacemos porque queremos y le pillamos “el gusto”. Muchísimas cosas que pueden ser molestas si te obligan a ellas, se convierten en motivo de placer si han sido elegidas con libertad. Por eso lo fundamental no es ir tras el placer, sino conseguir sentir placer haciendo aquello que es bueno hacer. Debemos aprender a disfrutar con lo que es conveniente y aprender a no disfrutar con lo que no es bueno hacer.
El placer es la guinda del pastel pero no el pastel mismo. Debemos hacer lo bueno y además disfrutar haciéndolo.
Con la lectura creo que pasa eso. La lectura es buena por muchas cosas, más arriba he mencionado las que a mí se me ocurren. Precisamente porque la lectura es muy beneficiosa es muy bueno que además sea placentera. De esa manera habrá más posibilidades de que repitamos una y otra vez. Pero es un error pensar que la lectura es buena porque es placentera.
Pero es que además, insistiendo tanto en el placer le quitamos importancia a la lectura misma y a sus beneficios.
Y FINAL.
La lectura “enseña”. Otra cosa es que la moraleja educativa explícita pueda arruinar los beneficios de un cuento de fantasía bien escrito. Por eso discrepo con eso de que la esencia de la fantasía sea conseguir “hermanos apretados unos contra otros en la penumbra con el corazón acelerado”.
Y cuando digo enseñar no me refiero a datos o a una moraleja. Su enseñanza es más profunda. Se trata de que descubra la parte invisible de la realidad, o nos ayude a comprendernos a nosotros mismos, o nos muestre como es el amor, o la vida o nos haga tener sentimientos que nos eleven… lo que sea.
“El arte trata de hacer visible lo invisible”. PAUL KLEE.
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